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sábado, abril 15, 2006

Otros envoltorios protectores

Este fue el primero.
Una canasta trenzada en negativo fílmico instalada en una rana brotando de jazmín en primavera en el patio de mi casa.
El jazmín la deformó, el tiempo la destiñó. La recolecté.
Las que siguen fueron instaladas como en una "residencia temporaria de objetos" en una isla del Tigre, invitada por Viviana Macías y en el marco de su proyecto Archivo Vivo.




Esta cáscara arriba de un hormiguero parecía transformarlo en una sede intergaláctica de aterrizaje. Las hormigas reconstruyeron su estructura enterrándolo. No lo pude recolectar.




Es como una red o un colador, que son también formas de contener. Lo instalé en un curso de agua muy pequeño.
Todas las imágenes que contenía quedaron ocultas bajo una muy fina capa de barro



Tiene la forma de un nido, ocupa el emplazamiento de un nido, pero no lo es.
Las ramas crecieron a su alrededor. Lo coseché como a una fruta.



La coloqué en una morera. Tuvo moras dentro, nadie las recolectó.
Luego recolecté la canasta con las moras secas.



Señalaba la punta de crecimiento de un lirio, pero al abrir el desmalezador de la isla un sendero y cortar el lirio, cayó por el piso.
El mismo jardinero, al considerarla algo especial, la colocó en la rama de una zarzamora.



domingo, marzo 26, 2006

ENVOLTORIOS PROTECTORES

Se envuelve un regalo
La vida es un regalo



Los envoltorios envuelven un pedazo de tiempo vivido.
Primero son algo que va a ser habitado.
Luego son una casa (como si fueran un cuerpo).
Después una cáscara, los rastros de la vida que se mudó a otra parte.
Vienen jóvenes al mundo, traen en sus fibras multiplicidad de imágenes a su vez construídas con el tiempo compartido de muchas individualidades. Me refiero a la cinta impresa de celuloide que compone la trama que los arma. Esa cinta es como si fuera su adn.
Se instalan en un sitio, en un sitio natural, vivo. Puede ser una rama de jazmín, una manzana en el árbol.
Pasan a ser su casa, su canasta protectora, su aura, una segunda piel.
La planta-personaje sigue viviendo, dentro y fuera de su canasta, habitándola. El envoltorio le define su nuevo espacio.
En este nuevo compartir del tiempo con la planta-personaje, las imágenes impresas en el envoltorio-casa se van borrando, manchando, lavando. El tiempo se va marcando: la manzana se cae, la rama es podada, o crece hasta desprender el envoltorio. La artista también marca el tiempo, hay períodos de siembra, otros de observación y otros de recolección.
Recolección de las cáscaras buscando los frutos. Como si fueran modelos a escala de la proyección de un individuo hacia su espacio.

domingo, noviembre 27, 2005

"...el agua que lleva a otras partes la vida"





María Ibánez Lago - Viviana Macías


“… los arroyos y los ríos sonorizan los paisajes mudos,
las aguas ruidosas enseñan a cantar a los pájaros y a los hombres,
a hablar, a repetir, hay una continuidad
entre la palabra del agua y la palabra humana.”

Gaston Bachelard

Esta obra habla de un tránsito que “lleva a otras partes la vida”.
Habla de historias, a través del entretejido de palabras e imágenes. De un lugar de circulación en el que transcurre la vida y fluye como el agua, como la sangre en las venas.
Compara a un lugar, en este caso el Delta del río Paraná, con un organismo vivo, y crea un entrelazado de pedidos, traslados, trabajos, mensajes, tejiendo historias de vida.
Se trenzan las imágenes y las palabras así como se trenza en esta obra el negativo fílmico, que, como una fibra de adn, atesora la memoria.


A manera de un zoom o una lupa podemos ingresar en estos relatos, permitiéndonos una vista en detalle, un primer plano, siempre fragmentario, parcial.


El murmullo que crean los sonidos del agua, de palabras, de pájaros, de lanchas, es materia constitutiva de esta trama.
Son fragmentos de aquella vida en tránsito, circulando por las aguas del delta.