domingo, marzo 20, 2016
Assemblage#1 - 0fr galerie - Paris - 2016
viernes, junio 14, 2013
viajar con lo puesto
CEART - Centro de Arte Tomás y Valiente
Fuenlabrada-Madrid
Viajar con lo puesto trabaja la noción de desplazamiento geográfico de las personas (inmigración, dobles nacionalidades) a través de un objeto de transferencia del propio cuerpo como es la vestimenta, símbolo de una segunda piel, o presencia de un cuerpo ausente. Sus transformaciones son la metáfora de las improntas producidas por un cambio de país, de lengua, de cultura.
La ropa es lo mínimo que se lleva cuando se realiza un traslado. A veces, no se lleva más que la puesta.
Los desplazamientos y transformaciones son consignados en fichas de identidad de cada objeto , como las que se completan al atravesar una frontera.
domingo, agosto 05, 2012
Au fil de l'eau
www.proyectopintoras.blogspot.com
domingo, agosto 29, 2010
sobre PintorAs, en pagina 12 Rosario
Lejos de reclamos y reivindicaciones
Curada por Roberto Echen -que esboza una mirada de género anclada en la Edad Media y desde el vamos da por muerta a la pintura-, la exposición tiene un tono general posmoderno y cool, pero se destacan obras genialmente singulares.
Por Beatriz Vignoli
Hasta el 13 de abril puede verse la muestra pintorAs, que reúne en los pisos 2, 3, 4, 5, 6 y 7 del MACRO (Museo de Arte Contemporáneo, Bv. Oroño y el río) obras de 20 pintoras argentinas contemporáneas: Diana Aisenberg, Constanza Alberione, Carla Bertone, Florencia Bohtlingk, Claudia del Río, Verónica Di Toro, Maria Guerrieri, Silvia Gurfein, Graciela Hasper, María Ibáñez Lago, Fernanda Laguna, Catalina León, Valentina Liernur, Mariana López, Valeria Maculán, Adriana Minoliti, Déborah Pruden, Inés Raiteri, Leila Tschopp y Paola Vega.
"Sin reclamos ni reivindicaciones": tal es la paradójicamente mansa consigna que esgrime el curador, Roberto Echen, director artístico del Castagnino+Macro, quien se hace cargo de que la pintura se ha convertido en algo así como lo "otro" del arte, y propone: "Pensar en algo tan establecido (pilar, si los hubo, de las artes) como la pintura y sin embargo devenido casi un cadáver viviente, una especie de regreso de los muertos vivos de las artes visuales". (Desde estas páginas se dijo hace un par de años algo parecido, pero no era precisamente ésa la idea). Echen está así invisibilizando en su tono de denuncia el hecho de que las políticas de las que él participó fueron, en parte, las que relegaron a la pintura a su actual condición marginal. Y en tanto otro con "A" mayúscula ("Autre", diría Jacques Lacan), la pintura coincidiría con la mujer, quien según Echen, vendría a ser algo así como "lo otro" de la cultura: "La mujer, género que supuestamente no tendría emergencia, ya que estaría como dato previo, y desde siempre, en eso que se llama naturaleza", escribe Echen, en pleno siglo XXI, retomando intactas algunas ideas muy bonitas de la Edad Media. Por supuesto que el feminismo brilla por su ausencia (¿acaso porque se cree erróneamente, desde un cierto voluntarismo progre, que se ha progresado hasta el punto de ya no necesitarlo?) en esta muestra donde sin embargo, en medio de un tono general más bien posmoderno y cool, se destacan algunas obras genialmente singulares.
Las pinturas de Mariana López, frente a las de Diana Aisenberg en el piso 7 (una ubicación que no las favorece, que las deja un poco a trasmano) dejan ver parte de una obra tan solvente como personal. Textos, fotografías y objetos nutren estas imágenes atravesadas por lo cotidiano, quizás un poco demasiado intimistas pero que exceden el contexto de referencia de sus temas al explorar con seguridad y decisión aspectos del problema del lenguaje plástico. Éstas están entre las obras más independientes, más autónomas de la muestra, donde menos pueden rastrearse influencias de las modas y las tendencias actuales. Con igual libertad se despliegan las imágenes de Aisenberg: páginas acuareladas y doradas de una búsqueda tanto artística como espiritual. Son las obras más figurativas de la muestra y también las que más dicen, en tanto sus figuras reescriben desde tradiciones excéntricas modernas aquellos arquetipos femeninos tradicionales que remiten a un cierto poder, en el mejor sentido de la palabra poder.
La rosarina Constanza Alberione, en el piso 4, encara la figura en esas formas prerrafaelistas y esos contrastes mínimos en clave alta que hace tiempo vienen haciendo las delicias de su público. Con toda su delicadeza, el mensaje es subversivo: Alberione se le anima a la inversión del lugar de la mirada. El cuerpo desnudo que posa yacente es el de un hombre joven, quizás un amante; el título de la obra es una declaración de amor, y el efebo sostiene entre sus manos un cuadro con cuatro letras que parecen remitir a algún apodo íntimo de la autora. La narrativa que estas imágenes construyen se halla próxima a aquellas historias trágicas de mujeres artistas que bien podrían haber sido investigadas para esta exposición, según una fuente que prefirió no revelar su identidad ("Se enamoraban de sus maestros, se quedaban solas...").
En el minoritario rubro del pathos que ofrece pintorAs, la pieza sin duda más conmovedora es "18.11.98.18.11.08", una pintura sobre durlock de Catalina León (ganadora de una de las ediciones del premio Petrobras) que combina fragilidad y monumentalidad maquilladas con dosis gozosamente abrumadoras de azar surrealista. Diminutas notas a lápiz, figuras de animales y plantas en un espacio descentrado generan un enigmático palimpsesto figurativo donde lo que prevalece es el placer sensible.
Florencia Bohtlingk también sorprende, en el piso 3, con una denuncia de las condiciones del neocolonialismo, plasmada particularmente en dos pinturas de gran formato que toman prestados elementos del modernismo americanista del grupo Litoral: "Modelo vivo" y "La timba". Hay ecos de Leónidas Gambartes en estas obras, que desarrollan aspectos formales a partir de aquellos lenguajes más politizados del siglo veinte. Otra más reciente, "Restos umbanda en la orilla", remite a lenguajes más contemporáneos pero es más decididamente formalista.
María Guerrieri, en el piso 4, despliega a lo largo de una serie de obras en pequeño formato un personalísimo lenguaje de imágenes míticas y geometría sensible, donde el trazo del pincel desarrolla todo un estilo y la línea de color sobre fondo azul oscuro remite a los bordados sobre terciopelo. El tono es ligero, amable. En el piso 6 se destaca María Ibáñez Lago con un mundo propio de mujeres en trajes de época, elementos orientales y perspectivas a vuelo de pájaro que evocan tanto a Brueghel como al arte persa. Una de las obras es un friso en papel escenográfico que semeja un manuscrito iluminado o un papiro (un formato de obra que se usó bastante en los años 80).
De entre las abstractas, se luce Silvia Gurfein, quien viene desarrollando desde hace años una obra sólida y seria, cuyo eje constitutivo es la imposible voluntad de pintar la música. Retoma planteos modernistas extremos, ideas que quedaron en el camino del siglo veinte como meras propuestas de experimentos, pero que en sus manos logran el milagro de producir una genuina traducción interdisciplinaria. En la obra aquí presentada, fragmenta el soporte para enfatizar el carácter lineal de lo melódico.
Trabajan muy pulcramente con la geometría varias artistas de esta muestra: Verónica Di Toro con su serie de alto impacto visual y excelente factura titulada "Simetrías"; Carla Bertone con su instalación "Destellos y diamantes", una apropiación de la geometría Madí, de las subdivisiones del constructivismo y de las formas puras del Arte Concreto, que evoca a la vez pequeños portarretratos vacíos en clave de racionalismo kitsch; Inés Rainieri, quien reescribe en versión propia la "Farfalla" de Petorutti en múltiples imágenes seriadas, repetidas al infinito como si se tratara de empapelados antiguos; y Leila Tschoop con una de sus "Terrazas", que profundizan desde una mirada americana hacia los antiguos métodos agrícolas una búsqueda centrada en la arquitectura.
Pareciera que el conflicto principal aquí no es el tema del género, sino el diálogo endogámico y ensimismado de la pintura consigo misma. Diálogo que sólo en raras ocasiones se dispara hacia el diseño, roza cuestiones extrapictóricas tales como el problema del cuerpo femenino y revela los vasos comunicantes entre el modernismo pictórico y la moda: todo esto sucede en las figuras maquínicas que inventa Adriana Minoliti, particularmente en sus piezas más logradas, tales como su "Díptico".
Tres damas de los noventa se muestran a la altura de las circunstancias con obras provocadoras o experimentales, interesantes (una vez más) en virtud de los intertextos que establecen, pero también del impacto que causan y de la importancia de la figura de artista que sus autoras han sabido forjarse. Ellas son Graciela Hasper, Fernanda Laguna y la rosarina Claudia del Río. En otros casos, simplemente, sobra concepto y falta taller: el post conceptualismo en pintura se muestra demasiado sobrecargado por el peso de las influencias de la estética del Rojas y del Neo Geo para emocionar o resultar innovador. Ante semejantes tendencias tan autorreferenciales (pintura acerca de la pintura), es fácil decir que la pintura es un zombi o un muerto vivo que regresa. Pero si la muestra hubiera incluido obras poderosas como la de Paula Grazzini o la de Jorgelina Toya, se vería que no es tan así. Que tanto la pintura como las mujeres tienen mucho que decir.
PintorAs en el MACRO de Rosario

pintorAs
Diana Aisenberg, Constanza Alberione, Carla Bertone, Florencia Bohtlingk, Claudia del Río, Verónica Di Toro, Maria Guerrieri, Silvia Gurfein, Graciela Hasper, María Ibáñez Lago, Fernanda Laguna, Catalina León, Valentina Liernur, Mariana López, Valeria Maculán, Adriana Minoliti, Déborah Pruden, Inés Raiteri, Leila Tschopp y Paola Vega.
Pisos 2, 3, 4, 5, 6 y 7
Texto de la muestra: Roberto Echen
pintorAs
Una cuestión de géneros.
De dos géneros que convergen en un encuentro.
La pintura, género de las artes plásticas (mejor, de las Bellas Artes, donde aparece y antes de que devinieran artes visuales y mucho antes de la irrupción de expresiones como artes audiovisuales, multimedia, etc.).
La mujer, género que supuestamente no tendría emergencia, ya que estaría como dato previo -y desde siempre- en eso que se llama “naturaleza” (hembra-macho siendo la oposición -claro, de sexos- instituida por la naturaleza para las especies animales “superiores”).
Sin embargo.
La pintura murió ya muchas veces (entre los siglos XIX y XX) y la mujer (género) emergió hace no mucho tiempo, por mucho que le pese a la naturaleza (la humana, seguramente).
Aquí ambos géneros se unen en ese espacio indecible que es el de que no hay lugar de donde sostenerlos.
Pensar en algo tan establecido -pilar, si los hubo, de las artes- como la pintura y -sin embargo- devenido casi un cadáver viviente, una especie de regreso de los muertos vivos de las artes visuales.
Y pensar en algo que -casi- no tuvo historia, es decir, que tiene una historia enorme elaborada desde su negación, o -cuando se la reconocía- desde el lugar del mal, la tentación, la caida, la inconsistencia y liviandad:
Frailty, thy name is woman (dice un edípico Hamlet transido de dolor).
Hola, ¿cómo estás? ¿ estás pintando? Podríamos hacer algo juntas.
Un encuentro sin bombos y platillos, ni postulados rimbombantes, ni defensas trilladas.
Juntarse desde (dos) lugares que suponen pertenencia, aunque no se sepa demasiado bien los alcances y los recortes de esa pertenencia, del espacio que delimita (si delimita en verdad un espacio).
Pero, desde allí, reconocer lo propio, lo propiado en ese movimiento que pone en juego las dos instancias y genera un encuentro.
Entonces.
pintorAs deviene una especie de marca, una señal, una llamada.
Algo no decible, un efecto de escritura (como la a derridiana en differance), algo que sólo es marca escrita, para la lectura.
No eligieron la trillada políticamente tan correcta @ para abolir por arte de magia las diferencias genéricas.
No dijeron nada, sólo un énfasis, un acento (que no coincide con la ortografía de la palabra sino -quizás- con una topología de las proximidades y de los discursos que generan); una letra (no un fonema, no hay diferencia fonemática entre mayúscula y minúscula), digámosla y asumamos todo lo que viene detrás -o lo que podamos- A mayúscula (sí, Jacques, escuchaste bien, A mayúscula).
¿Será que desde algún lugar aparece ese Otro que habla, para devenir otrA, la que habla, la que pinta -en este caso-? (1)
Efecto de escritura que habría surgido de ese encuentro de géneros. Pero, mejor, del encuentro entre un verbo (pintar) y un sustantivo (mujer).
Lo cual es absolutamente discutible:
ese trayecto a través de la historia del arte (y en ese sentido su estado actual no debilita sino refuerza su condición) podría hacer que el acto de pintar dejara de serlo para transformarse en ese cuerpo sustantivado que sería la pintura.
Por otro lado, mujer, podría ser -sobre todo en la contemporaneidad- más una actitud que una condición que subsumiría a una cantidad de individuos. Un acto prolongado y renovado constantemente desde una posición del deseo: una construcción no tan sólida como se creería desprevenidamente (“La mujer, la verdad, no existe” dice Derrida en una frase maravillosa que sitúa -asociándolas- la verdad y la mujer en ese espacio sin lugar del que no se puede dar una definición).
Por otro lado.
El movimiento inverso hace estallar el término en su pluralidad para llevarlo -otra vez- a ese espacio en construcción que es todo encuentro.
Suponemos que pintorAs es el condensador de lo que un grupo (20) tiene en común.
Y aquí estamos -otra vez- en problemas.
Desde aquí esa palabra y ese acento empiezan -de nuevo- a diseminar lo que articulan.
Qué piensa y -sobre todo- qué produce cada integrante del grupo como “pintura” ya estaría abismando -o suspendiendo- el propio concepto de pintura (en tanto definición de lo que habría en común), abriéndolo a algo que no puede dejar de devenir hipertexto.
El otro polo constitutivo del término es no menos difícil de abarcar: ese sustantivo (común, según la gramática) se fragmenta -desde el vamos, no en un acto posterior a su emergencia- para postular una totalidad que no puede cerrarse, desde cada posición de mujer.
Lo que une, lo que provoca el encuentro es, una vez más, la producción.
Sin reclamos ni reivindicaciones.
Sólo la vindicación de la potencia de la tautología:
Somos lo que somos: pintorAs.
Funes, 25 de enero de 2010
(1) No deja de ser interesante que el famoso Otro lacaniano sea -en francés- una A mayúscula (Autre).
domingo, agosto 10, 2008
a vuelo de pájaro
pintura de 18m x 60cm
desplegada en galería Masotta-Torres . Octubre 2008
muestra junto a Gabriela Gutierrez
Encanto Sucurí
Texto de Diana Aisenberg
Maria Ibáñez Lago
A vuelo de pájaro
Una vivencia diurna. Un fragmento dictado a una conciencia imbuida de un ser celestial. Algo luminoso, misterioso, incluso temible. La luz, verdad y espiritualidad pura. Lo lleno de luz. Temor y esperanza. Mundo aéreo. No hay principio ni fin. El artista decodifica y la escena que precede, enuncia el porvenir de un recorrido lineal. Oír y leer. El Espectador serenamente conducido por las alturas, sobrevuela un libro abierto. Planea hacia la imagen midiendo distancias sin tener en cuenta los accidentes terrestres. Retorna una y otra vez a situaciones de fe. El punto de vista es omnisciente. Una voz épica infinita relata escenas de una cultura que pelea por sobrevivir. Sagas de los pueblos en tiempos anteriores a la existencia del automóvil. Hay desplazamientos que producen secuencias temporales vistas en simultaneo. Hay una flor blanca y una flor negra. Las flores son la sustancia por la cual hay pelea. La materia prima, el elixir, a su vez, el agua.




sábado, junio 16, 2007
LO QUE SE MUESTRA LO QUE SE VE


Leandro Tartaglia
Lo que se muestra, lo que se vé
Galería Crimson, 2006

1 - Neue Palais de Postdam, Alemania, 14:00 h.
Una pieza importante es exhibida: muchas personas miran una pintura expuesta, aislada. Alguna de todas esas personas desea levantar una de sus manos e intentar tocar la obra. Tal vez para hacerla más visible, tal vez para completarla.
La obra mostrada es Incredulidad de santo Tomás de Caravaggio (1559). En un detalle vemos el dedo índice de santo Tomás atravesando el cuerpo resucitado de Cristo. La mirada del personaje no está sobre el cuerpo; está, hacia fuera de la imagen, perdida. Que el dedo compruebe aquello que la mirada no cree.
2 - Galería Crimson, Buenos Aires 2006.
“El alma que te habita es también la mirada del cielo que te incluye” Olga Orozco.
Claroscuros, arquitecturas, cuerpo, piel, espacio. Hacia adentro o hacia fuera. Parados en un puente que une las dos obras: la piel. Vamos a transitar ese puente con nuestro ojo-dedo, que comprobará cada uno de los pasajes, cada uno de los hechos, en cada imagen, en el recorrido que traza la muestra; entrando a veces en la transparencia que deja ver una casa desde la cual se proyectan llamas, y en otros casos la superficie rígida, tersa, palpable. La superficie es atravesada al mirar. Rebota y refleja una mirada siendo mirada. Las piezas muestran lugares, a veces tapados por tierra, otras veces escondidos en arquitecturas.
Entrada: el espectador mira. Salida: él, que mira, se ve, mientras camina de cuadro en cuadro, en presencia del reflejo, a través de la mirada de otro. El espectador es quién atraviesa esta fina capa de piel en cada una de las imágenes, sin que importe ya a quién pertenece. Solo, indagando, con el ojo-dedo que intenta medir el brillo, las luces, el espesor, las figuras. No importan las ventanas, porque en ellas nunca hubo vidrios. Importan las aberturas que nos conducen por cada superficie, llevando la información de cada centímetro cuadrado. Se puede mirar con el cuerpo. Porque el espacio surge de la forma, la acompaña, la decora. El cuerpo es el volumen que determina el resto del mundo, es aquello que está siendo mirado. Aquello que en el acto de pintar se comprueba, se palpa. El cuerpo-casa donde el aire de la respiración conecta los espacios (exterior-interior) o el cuerpo constituyendo una mirada sobre la historia del arte. Tanto una como la otra mirada dan cuenta de una distorsión rodeando al cuerpo. Ese ruido es creado por el modelo: la reproducción. En una, a partir de cuadros históricos; en la otra de manuales de anatomía, dándole a las piezas de esta muestra una relación simultánea de cercanía y distancia de aquello que se mira.
Mari observa imágenes clásicas donde se representa la mujer (Ofelia, Magdalena, Narcisa, Eva) y las atraviesa, haciendo que su mirada acerca de la historia del arte se vea en cómo las representa. Sus personajes están iluminados y tratados de manera que se reflejen separados del mundo que los rodea. Un mundo que los cruza y que los mira. Vemos que se contemplan cosas pequeñas, detalles; se habla con los objetos a partir de la observación.
Ibáñez Lago determina el cuerpo-casa como una arquitectura transparente, desde la que todo se proyecta. Los colores y las formas se originan allí. La luz se vierte desde el interior del cuerpo, creando en la imagen un centro, relacionando el adentro con el afuera; dándole valor al vacío contenedor, a la posibilidad de que éste se llene y se vuelva a vaciar. Y así se extiendan, los límites del cuerpo más allá de su forma.
Cada una ilumina desde diferentes lugares, una sobre los cuerpos, la otra desde los cuerpos; la piel atravesada comprueba la mirada sobre la historia del arte o sobre el cuerpo como casa. Y los movimientos se vuelven circulares; el flujo se desplaza por la superficie y el fondo, moviéndose lentamente sobre esa mirada que mira y observa, palpando con detenimiento y detalle, al individuo espiritual e histórico.
Leandro Tartaglia, Octubre 2006.
sábado, diciembre 03, 2005
Plexo Solar - Torre Monumental - Nov/Dic 2005

El plexo solar es uno de los grandes plexos vegetativos del cuerpo, en el cual se combinan las fibras nerviosas del simpático y del parasimpático

Su nombre significa el "Asiento del Alma", o red solar.
A la manera de los objetos relacionales de Lygia Clark, me interesa evidenciar el funcionamiento del cuerpo por medio de una representación exteriorizada de sistemas orgánicos internos.


Los objetos relacionales de Lygia, que así se llamaban, estaban destinados a producir, al ser aplicados periódicamente sobre el cuerpo de sus "pacientes", una liberación, al menos temporal, de las constricciones temporales de sus respectivas estructuras psíquicas. En mi trabajo, esta mediación del objeto se produce de manera metafórica, el objeto es representante del cuerpo interno e interactúa con él, como si exteriorizara sus funciones. Es una representación del acto curativo. Es un medio de presentación de un sujeto ante sí mismo.
Estudio Abierto 2005
lunes, julio 18, 2005




Proyecto “Cubo”
Casona de Los Olivera.-2005.
Este cubo, como espacio a habitar, es lo que convoca a estas tres artistas, María Ibáñez Lago, Viviana Macías y Silvina Romano, a desarrollar la idea de “habitat”, como lugar en donde varias especies encuentran una manera de convivencia.
En este espacio, María Ibáñez Lago despliega sus réplicas de un sistema orgánico. Construyendo una circulación entre el adentro y el afuera, casi como si en su habitar fuera necesario que se respire.
Silvina Romano presenta una “araña” que teje su red y repara sus desgarros, creando los espacios de una arquitectura íntima.
Viviana Macías incorpora la palabra que fluye y se entrelaza, dotando a ese habitar de la necesidad de “palabras y silencios” necesarios para la comunicación.
Estas artistas construyen un tejido global, donde las obras interactúan entre diálogos y tensiones y se rescata la idea de los recursos orgánicos empleados en la convivencia .
Como un cuerpo vivo el “espacio-cubo” respira, habla, repara...
domingo, junio 26, 2005





Historia Natural
trenzados de negativos fïlmicos
Los negativos y películas fílmicas son la materia que construye estas obras , con una trama de fibra cargada de información, que, a la manera de la fibra de adn, por medio del trenzado reconstituye nuevas identidades, en este caso nuevos objetos.
El mundo retratado es del orden de lo natural, pero también de la curiosidad, de lo etnográfico, de lo clasificador; hace referencia a una de las maneras de ordenar el mundo antes de la invención de la fotografía, cuando los elementos de la historia natural se plasmaban en los libros guardianes de la memoria de los hombres a través del dibujo.
sábado, junio 25, 2005

FLORAYFAUNA
(pequeñas)
“Florayfauna” es lo que define la identidad de un territorio en su aspecto natural.
“Florayfauna” vive en las siluetas de continentes y países de los manuales escolares, llenándolas de figuras de plantas y animales, pequeñas, y sin embargo desmesuradas en su escala relativa.
“Florayfauna” es la base clasificatoria que condujo a la teoría evolutiva y a la transformación genética de las especies.
“Florayfauna” es la construcción a partir de estos datos, de un mundo propio, aparentemente natural y clasificado, que tiene como fibra genética constitutiva la sucesión de imágenes incluídas en los negativos fílmicos y fotográficos.
















